domadora domada
después de haberme negado a atender el teléfono. después de haber devuelto llamadas insistentes vociferando: si no pasa nada, para qué intentás llamar treinta veces consecutivas cuando la primera vez no fuiste atendida? después de haberme quejado en forma escrita y oral hasta desfallecer, lo logré.
sospecho que madre estaba intentando llamar a mi casa. como yo estaba hablando por teléfono con otra persona, se vio obligada a mandar un mensaje de texto [otrora, si el teléfono de mi casa daba ocupado, llamaba enloquecida al celular: que alguien me explique cómo pretendía que atendiera dos teléfonos a la vez]. el mensaje decía:
cuando puedas llamame
no pasa nada
una golondrina no hace verano, pero gratifica.
insistencia ciega
domingo a la tarde.
suena el teléfono. suena. suena. suena. suena. estoy ocupada, no voy a atender. sigue sonando. suena. suena. suena. finalmente, se corta.
dos minutos después, sucede exactamente lo mismo. no atiendo.
diez minutos después, vuelve a sonar con una insistencia que exasperaría a winnie pouh. atiendo. no podía ser otra persona en el mundo que no fuera mi madre, porque qué clase de persona llamaría con tal tenacidad, aun cuando no se la atiende.
yo: qué pasa?
madre: nada.
yo: y si no pasa nada, me querés decir para qué mierda insistís con el teléfono?
madre: bueno… si estás ocupada, llamame después
por el amor de buda, si no pasa nada, ¿por qué tengo que llamar?
voy a meter el teléfono en un tacho con agua ya mismo.
hermenéutica failed
escena: madre dejándome en mi casa, después de haber pasado unas cuantas horas en un almuerzo familiar. previamente, habíamos ido al supermercado, así que yo tenía que bajar algunas bolsas.
yo: bueno. necesitás ir al baño o algo?
madre: no. si me invitan a tomar mate es otra cosa… pero al baño no tengo que ir
yo: perfecto. nos vemos el miércoles…
[todavía me pregunto quiénes son esos -en plural clarito- que deberían haberla invitado. porque yo soy una sola; no soy un sujeto indefinido.]
telefónica
yo: bueno, entonces venís mañana tipo 10 y vamos a hacer esas compras…
madre: sí. igual yo tengo que ir hoy para allá… no paso por tu casa?
yo: no
madre: ¿aunque estén las persianas levantadas?
yo: no, no venís hoy. venís mañana.
madre: bueno…
me pregunto: el hecho de que estén las persianas levantadas implica que quiero recibir gente? eh? no: implica que quiero que entre luz y punto. sépanlo.
say cheese
tengo muy pocas fotos de mí misma porque escapo a las cámaras como si fueran dragones escupe flashes que van a tragarse mi alma.
hace unos cuantos meses, una amiga me forzó casi violentamente y me sacó unas cuantas fotos. supongamos que fueron 10 o 12.
cuando mi madre se enteró, dijo algo así como ‘me tenés que pasar algunas porque, como sos una ridícula, no tengo fotos tuyas’. ayer tuve una charla por messenger con mi amiga, que se desarrolló más o menos del siguiente modo:
ella: che, estuvo tu vieja acá. vio tus fotos.
yo: me mato
ella: podés creer que de todas las fotos que sacamos solamente quiso tres? qué me contás?
yo: qué yegua. ahora entiendo por qué soy como soy.
ella: ya tenés material para ‘todo sobre mi madre’
yo: jajaja lo leíste? vos la conocés, sabés que es textual textual.
ella: sí, lo leí. ella me lo recomendó…
it’s a fact
el grado de rompepelotismo de una madre es inversamente proporcional a las ocupaciones (reales o ficticias) que tenga.
por ejemplo: si la señora tiene un hijo y una hija, y el hijo estuviera embarcado en un nuevo proyecto, la hija puede agonizar durante días sin que la madre se acuerde de haberla engendrado siquiera.
cero registro
martes al mediodía. por extrañas razones, estoy en mi casa. suena el teléfono. no atiendo porque nadie que me conozca me llamaría sabiendo que no estoy.
al rato, vuelve a sonar. absolutamente irritada, atiendo.
madre: hola
yo: hola. me querés decir por qué me llamás si no estoy?
madre: pero hoy no es el día que vas a la escuela a la tarde?
yo: sí, y eso qué tiene que ver? nunca estoy a esta hora acá.
madre: igual yo te llamaba para hacer una pregunta nomás…
[i want to kill myself with a spoon]
manejo de agenda
mensaje de texto a media mañana: llamame cuando llegues, tengo que arreglar con el escribano.
abro la puerta de mi casa. suena el teléfono.
yo: acabo de entrar
madre: si yo no te dije nada…
yo: por las dudas…
madre: te llamo sólo por lo del escribano. si no, no te llamo ni en pedo para que me atiendas con ese humor
(…)
madre: podés el viernes a la tarde?
yo: no, no puedo.
madre: pero no puede ser otro día, porque ya arreglamos todo…
yo: entonces, no me estás llamando para ver si puedo sino para avisarme que tengo que dejar lo que esté haciendo para ir.
madre: bueh. voy a llamar a ver si puede ser a la mañana.
[dicho y hecho. claro que podía ser a la mañana. what the hell.]
celular
estoy en la parada del colectivo. siento que vibra el celular. hago malabares para encontrarlo, mientras escudriñaba el horizonte para no perder el segundo colectivo. abro el teléfono, se corta la llamada. tiene dos llamadas perdidas, dice la maldita pantalla. me fijo: la dos eran de mi madre. alarmada, le envío un mensaje: qué pasa?
ella responde: Nada.
entonces? entonces? en- ton- ces?
de no creer
suena el celular.
yo: hola.
madre: te estoy llamando a tu casa y no contestás.
yo: porque no estoy. estoy con M. en un café cerca de casa.
madre: entonces, qué hacemos? voy o no? si estás ocupada no voy.
yo: y sí… todavía no terminé con todo lo que tengo que hacer para mañana así que…
madre: bueno, entonces voy. salgo para allá.
yo: pará, calculá que volveré a casa en una hora más o menos. esperá un rato ahí y salí dentro de veinte minutos, así no esperás afuera.
madre: bueno, salgo para allá.
click.
hablo en chino yo? eehhhh?